viernes 27 de enero de 2012

Primarias republicanas: "Obama, 4 more years".

Las elecciones más apasionantes del mundo mundial se acercan (y para seguirlas con detalle os recomendamos nuestro blog vecino La batalla por la Casa Blanca). El próximo mes de Noviembre, los ciudadanos estadounidenses serán llamados a las urnas para escoger al presidente de la nación más poderosa del mundo que, por eso mismo, también es el primer líder mundial.
Cuando en Europa nos ponemos a dar lecciones de moral a los yanquis, deberíamos recordar quién fue determinante para pararle los pies a Hitler y derribar las dictaduras comunistas. Como también deberíamos hacer más a menudo memoria sobre quién reconstruyó cada uno de los estados europeos, directamente con Planes Marshall o indirectamente firmando acuerdos de establecimiento de bases militares. 
Desde España no podemos más que mirar con envidia los procesos de elecciones primarias de los partidos estadounidenses, así como el resto de mecanismos de participación política y esa arquitectura organizativa que fascinó a Alexis de Toqueville. Mientras que aquí las listas de candidatos son cerradas, pobre de aquel candidato a gobernador, senador o congresista que no se haga conocer ni se patee literalmente su distrito electoral o que, una vez elegido, incumpla algún compromiso electoral con sus votantes
A diferencia de nuestro sistema en que los partidos escogen de manera hermética a sus candidatos, en E.E.U.U. gozan de un sistema de primarias abierto y preestablecido, sin que dependa del oportunismo electoral, el vacío de poder o las circunstancias del momento. Los partidos no son órganos cerrados, si no plataformas ideológicas abiertas en las que cualquier ciudadano con inquietudes sociales se puede acoger para intentar actuar en política.
Teniendo en cuenta que Barak Obama no va a tener que enfrentarse con ningún rival para conseguir la nominación para la candidatura presidencial del Partido Demócrata, la duda se centra en quién será el contrincante que presente el Great Old Party. Y, aunque las cosas se han puesto interesantes en Carolina del Sur (la broma de los caucus de Iowa no cuenta) con la victoria del ex speaker republicano en la época de Clinton, Newt Gingrich, todo parece indicar que el ex gobernador de Massachusets y reconocido empresario, Mitt Romney, va a ser finalmente el rival. 
Romney es un candidato poco atractivo para las bases del Partido Republicano. Ya de entrada, su condición de mormón es mal vista en el variado mundo cristiano estadounidense, al considerar al mormonismo como una secta. Sus cambios de posición en el campo de los valores (aborto y familia) desde su etapa como gobernador en el progresista estado de Massachusets (cuna de los Kennedy) hasta ahora, le hacen altamente impopular entre la derecha religiosa. Su faceta como exitoso hombre de negocios que le podría hacer sobresalir como un buen gestor económico en medio de una crisis que Obama no sabe cómo redirigir, tampoco le está favoreciendo al ser identificado como miembro de esas élites que, desde los estados del norte, desdeñan al estadounidense medio. Y si a esto le sumamos su frío rictus, la poca empatía que desprende ante el elector y sus regateos fiscales a la hora de pagar impuestos, la  mezcla es ya indigerible para los republicanos más ideologizados. Romney es el prototipo de candidato detestado por ese republicano socialmente conservador que vislumbraba Goldwater, idolatraba a Reagan y votó convencidamente a Bush Jr. conquistado por las estrategias de Karl Rove. Y como guinda al pastel, el que ha sido el gran caballo de batalla del Tea Party y el conservadurismo social que sustenta al Partido Republicano durante toda la primera legislatura de Obama -la reforma sanitaria-, resulta que es un casi calco de la que promovió el propio Romney en su etapa de gobernador.
Ante tal panorama, y pese a la crisis económica, es bastante improbable que Obama  sea la versión afro de Jimmy Carter. Por contra, Romney, sí parece tener bastantes números para convertirse en un nuevo Bob Dole
El único candidato que sorprendentemente se ha situado con capacidad de robarle la nominación a Romney es Newt Gingrich. Con una oratoria y un nivel de conocimientos históricos y políticos excepcional, Gingrich se ha ganado a un ala conservadora del partido que parece recrearse recordando a aquel peleón líder de la oposición parlamentaria contra Bill Clinton y los tiempos de su Contrato con América, pasando por alto su repulsiva doble moral.
El ex presidente Clinton vivió durante aquellos años un calvario por el proceso de impeachment que sus mentiras acerca del "caso Lewinsky" provocaron. Aquel escándalo de perjurio y adulterio fue implacablemente utilizado por Gingrich, mientras éste -a su vez- engañaba a su segunda esposa con su entonces secretaria y ahora tercera esposa, Calixta. Precisamente, en plena campaña, la agraviada ex esposa ha explicado que Gingrich le propuso una relación abierta, puesto que a la entonces amante y hoy pre candidata a primera dama no le parecía importar compartir sexualmente a Gingrich. Casi nada en comparación con la petición de divorcio que Gingrich le hizo a su primera esposa en el hospital, tras serle detectado a ésta un tumor. Una historia que la hija de ambos ha desmentido. Y si la primera mujer era casi diez años mayor que él (de hecho, era su profesora de Geometría en el Instituto), con la segunda se invirtió la distancia de edad, siendo ésta 8 años menor. Distancia que ha quedado de sobras superada con la tercera, a la que el ex speaker lleva nada menos que 23 años. Con estas credenciales y, sin entrar en escabrosos detalles sobre su vida sexual, los electores republicanos más conservadores han otorgado a Gingrich el honor de ser el único candidato "auténticamente conservador" que puede evitar la nominación del tibio Romney. Ver para creer porque, además de estar fuera de toda lógica, un candidato con el perfil de Gingrich es lo peor que le puede pasar a la causa conservadora (al menos a ojos europeos).
Descartado desde el inicio de la carrera, tenemos al testimonial Ron Paul. El ex congresista tejano es el representante del ala libertaria, y tiene un nada desdeñable techo electoral que va ascendiendo en cada elección, sin que eso le suponga la más mínima posibilidad por sus posiciones favorables respecto la liberalización del consumo de drogas y su predicamento en favor del aislacionismo internacional de una nación que lleva el intervencionismo militar casi en la sangre. 
Y aguantando el tipo tenemos al ex congresista, Rick Santorum, un católico simpatizante del Opus Dei, firme y consecuente en sus posiciones morales pero sin apenas dinero para la campaña, y al que el electorado más conservador ha dejado de lado, pese su victoria en Iowa, para dar su apoyo al hipócrita de Gingrich. Tampoco le ha favorecido que los otros candidatos del ala conservadora que iban abandonado, pidieran el voto para el ex speaker.
Por el camino se quedaron dos candidatos pro Tea Party que han roto los esquemas preconcebidos que tenemos en Europa acerca de esta corriente ciudadana: una mujer, la congresista Michelle Bachmann, y un afoamericano, el empresario Herman Cain. Este segundo, un outsider de la política, tuvo que renunciar ante el continuo destape de escándalos sexuales, privándonos de la posibilidad de contemplar una histórica batalla electoral entre dos candidatos de color. 
Pero el gran fracaso que provoca que ahora estemos ante esta patética elección entre dos falsos conservadores, ha sido el de Rick Perry.
El gobernador de Texas gozaba a priori de todas las virtudes para ser el rival (y con posibilidades de victoria) frente a Barack Obama. Perry se presentó como cercano al Tea Party pero lo suficientemente distante como para no provocar el rechazo de quienes están fuera de él. Un conservador equilibrado, aceptable para la derecha religiosa y también para la económica; con experiencia como gobernador de uno de los estados más importantes de la Unión, en el que incluso había conseguido bajar el paro en plena crisis económica. Con buena presencia ante las cámaras (algo que también cautiva al elector republicano desde los tiempos de Reagan), Perry entró con fuerza en verano y se fue desinflando en cada debate electoral hasta llegar al ridículo de quedarse en blanco y olvidar, en medio de un debate, el tercero de los tres departamentos que, si llegaba a presidente iba a eliminar para adelgazar la administración pública (clásica demanda de las bases republicanas).
Romney y Gingrich tendrán un duro choque en Florida. A partir de ahí, sabremos si vamos a vivir un expectante "supermartes" o no. Y con este dúo de posibles oponentes, no es muy aventurado profetizar que -salvo imprevisible catástrofe-  Obama no va a ser presidente de un solo mandato.
Al final, tendremos que echar mano de Alan Alda, para que nos interprete a Arnold Vinick, el carismático candidato republicano de la serie "El Ala Oeste de la Casa Blanca". Pero, tal y como acabó la serie, ni por esas parece que se vaya a poder vencer a ese tipo con tanta suerte llamado Barak Obama.