domingo 6 de noviembre de 2011

Desgracias a ETA.


Desgracias, muchas desgracias hay que darle a ETA y a su mundo social empezando por Herri Batasuna con sus diferentes nombres, envoltorios, disfraces y coaliciones al lado de los tontos útiles de Eusko Alkartasuna a los que utilizan para poder colarse en las instituciones. Desgracias al actual gobierno socialista y a los jueces del sector progresista nombrados por éste por permitirlo. Desgracias a los hasta 300.000 "vascos y vascas" fanáticos de Euskal Herria -como Bin Laden lo era de Alá-, que en casi 40 años han sido incapaces de priorizar la vida y la dignidad humana a la obsesión por tener un DNI en el que ponga Euskal Herria en lugar de España. Desgracias a los que lo hacían contra el franquismo que les venció en la guerra frente a frente, y también a los que han seguido hasta día de hoy luchando contra un sistema democrático internacionalmente reconocido y mayoritariamente apoyado por sus ciudadanos y el cual les ha permitido durante décadas chotearse de las víctimas a través de las instituciones y financiar sus armas con el dinero de todos. Desgracias a los que utilizaban la coartada de Franco, el contraterrorismo ultra y el Gal para justificar a su ejército de liberación nacional y lo han seguido justificando y apoyando muchos años después de la desaparición de éstos y sin tener ni un solo precedente o respuesta violenta a la altura de su repugnante terrorismo. Desgracias a los familiares de presos -esto es de asesinos materiales y colaboradores-, que han tenido que hacer muchos kilómetros para ver en carne y hueso a los culpables de que muchas otras familias tengan a los suyos bien cerca de casa pero con una placa de mármol por en medio. Desgracias a los que nos intentan convencer de que un asesino vivo en la cárcel a 600 kilómetros de su casa equivale a un inocente muerto y enterrado en un cementerio. 


Desgracias al PNV (con su iglesia incluida) que nunca ha querido lanzarse al degüello contra los terroristas por no complicarse la vida y para no cerrar la posibilidad de una negociación política en la que se ponga encima de la mesa la independencia de Euskadi y la anexión de Navarra. Desgracias a todos los papanatas que, condenando la violencia y sin nada que ver aparentemente con los asesinos, se han dejado siempre seducir por el entorno etarra y han predicado el diálogo con el terrorismo de izquierda independentista vasco cuando nada negociarían si la banda terrorista fuera unionista y derechista. Desgracias a los bastardos que han acusado al PP de necesitar a ETA, cuando ha sido (al igual que el PSE-PSOE) el partido mártir que ha puesto los muertos encima de esa mesa en la que ahora se sienta Kofi Anan y las demás vedetes que hacen turismo por San Sebastián agasajadas por el neobatasunismo. 


Desgracias a los que exageran los resbalones dialécticos y otros errores de Aznar (ex presidente que conviene recordar que salió por su propio pie de un coche en llamas) al enviar a dos emisarios para verificar si la tregua del 97 era trampa o no, y desgracias a los que minimizan que se lanzó a por la basura terrorista ilegalizándola, cortándole el grifo, aislándola internacionalmente, echándola de las instituciones y haciendo lo que se debería haber hecho desde el minuto 0 en que empezó esta historia. Desgracias a Zapatero y Rubalcaba por desviarse del camino eficaz marcado por sus predecesores y frenar la derrota de ETA cuando más acorralada se encontraba; y desgracias también por permitirles ahora la salida de la negociación de un chantaje, en lugar de esperar la rendición sin condiciones. Desgracias a todos los miserables que quieren acallar a las víctimas, cuando son los principales perjudicados y, por tanto, los que más tienen que decir al respecto. Desgracias a los que cacarean que no han de haber vencedores ni vencidos, mientras intentan ganar la guerra civil a través de la "memoria histórica" 70 años después. 


Desgracias a ETA (e incluyo aquí a todo su entorno) por el cese definitivo de lo que ellos llaman lucha armada (terrorismo para la gente de bien) interesadamente y por razones prácticas y estratégicas que les permitan conseguir sus fines políticos. Hay que dar desgracias, muchas desgracias, porque aun acabaremos dando las gracias a todos éstos por perdonarnos la vida y dejárnosla vivir en libertad y con dignidad. Desgracias por última vez, porque en este caso es de bien nacido ser un desagradecido.