Desgracias, muchas desgracias hay que darle a ETA y a su mundo social empezando por Herri Batasuna con sus diferentes nombres, envoltorios, disfraces y coaliciones al lado de los tontos útiles de Eusko Alkartasuna a los que utilizan para poder colarse en las instituciones. Desgracias al actual gobierno socialista y a los jueces del sector progresista nombrados por éste por permitirlo. Desgracias a los hasta 300.000 "vascos y vascas" fanáticos de Euskal Herria -como Bin Laden lo era de Alá-, que en casi 40 años han sido incapaces de priorizar la vida y la dignidad humana a la obsesión por tener un DNI en el que ponga Euskal Herria en lugar de España. Desgracias a los que lo hacían contra el franquismo que les venció en la guerra frente a frente, y también a los que han seguido hasta día de hoy luchando contra un sistema democrático internacionalmente reconocido y mayoritariamente apoyado por sus ciudadanos y el cual les ha permitido durante décadas chotearse de las víctimas a través de las instituciones y financiar sus armas con el dinero de todos. Desgracias a los que utilizaban la coartada de Franco, el contraterrorismo ultra y el Gal para justificar a su ejército de liberación nacional y lo han seguido justificando y apoyando muchos años después de la desaparición de éstos y sin tener ni un solo precedente o respuesta violenta a la altura de su repugnante terrorismo. Desgracias a los familiares de presos -esto es de asesinos materiales y colaboradores-, que han tenido que hacer muchos kilómetros para ver en carne y hueso a los culpables de que muchas otras familias tengan a los suyos bien cerca de casa pero con una placa de mármol por en medio. Desgracias a los que nos intentan convencer de que un asesino vivo en la cárcel a 600 kilómetros de su casa equivale a un inocente muerto y enterrado en un cementerio.
Desgracias al PNV (con su iglesia incluida) que nunca ha querido lanzarse al degüello contra los terroristas por no complicarse la vida y para no cerrar la posibilidad de una negociación política en la que se ponga encima de la mesa la independencia de Euskadi y la anexión de Navarra. Desgracias a todos los papanatas que, condenando la violencia y sin nada que ver aparentemente con los asesinos, se han dejado siempre seducir por el entorno etarra y han predicado el diálogo con el terrorismo de izquierda independentista vasco cuando nada negociarían si la banda terrorista fuera unionista y derechista. Desgracias a los bastardos que han acusado al PP de necesitar a ETA, cuando ha sido (al igual que el PSE-PSOE) el partido mártir que ha puesto los muertos encima de esa mesa en la que ahora se sienta Kofi Anan y las demás vedetes que hacen turismo por San Sebastián agasajadas por el neobatasunismo.
Desgracias a los que exageran los resbalones dialécticos y otros errores de Aznar (ex presidente que conviene recordar que salió por su propio pie de un coche en llamas) al enviar a dos emisarios para verificar si la tregua del 97 era trampa o no, y desgracias a los que minimizan que se lanzó a por la basura terrorista ilegalizándola, cortándole el grifo, aislándola internacionalmente, echándola de las instituciones y haciendo lo que se debería haber hecho desde el minuto 0 en que empezó esta historia. Desgracias a Zapatero y Rubalcaba por desviarse del camino eficaz marcado por sus predecesores y frenar la derrota de ETA cuando más acorralada se encontraba; y desgracias también por permitirles ahora la salida de la negociación de un chantaje, en lugar de esperar la rendición sin condiciones. Desgracias a todos los miserables que quieren acallar a las víctimas, cuando son los principales perjudicados y, por tanto, los que más tienen que decir al respecto. Desgracias a los que cacarean que no han de haber vencedores ni vencidos, mientras intentan ganar la guerra civil a través de la "memoria histórica" 70 años después.
Desgracias a ETA (e incluyo aquí a todo su entorno) por el cese definitivo de lo que ellos llaman lucha armada (terrorismo para la gente de bien) interesadamente y por razones prácticas y estratégicas que les permitan conseguir sus fines políticos. Hay que dar desgracias, muchas desgracias, porque aun acabaremos dando las gracias a todos éstos por perdonarnos la vida y dejárnosla vivir en libertad y con dignidad. Desgracias por última vez, porque en este caso es de bien nacido ser un desagradecido.
Desgracias al PNV (con su iglesia incluida) que nunca ha querido lanzarse al degüello contra los terroristas por no complicarse la vida y para no cerrar la posibilidad de una negociación política en la que se ponga encima de la mesa la independencia de Euskadi y la anexión de Navarra. Desgracias a todos los papanatas que, condenando la violencia y sin nada que ver aparentemente con los asesinos, se han dejado siempre seducir por el entorno etarra y han predicado el diálogo con el terrorismo de izquierda independentista vasco cuando nada negociarían si la banda terrorista fuera unionista y derechista. Desgracias a los bastardos que han acusado al PP de necesitar a ETA, cuando ha sido (al igual que el PSE-PSOE) el partido mártir que ha puesto los muertos encima de esa mesa en la que ahora se sienta Kofi Anan y las demás vedetes que hacen turismo por San Sebastián agasajadas por el neobatasunismo.
Desgracias a los que exageran los resbalones dialécticos y otros errores de Aznar (ex presidente que conviene recordar que salió por su propio pie de un coche en llamas) al enviar a dos emisarios para verificar si la tregua del 97 era trampa o no, y desgracias a los que minimizan que se lanzó a por la basura terrorista ilegalizándola, cortándole el grifo, aislándola internacionalmente, echándola de las instituciones y haciendo lo que se debería haber hecho desde el minuto 0 en que empezó esta historia. Desgracias a Zapatero y Rubalcaba por desviarse del camino eficaz marcado por sus predecesores y frenar la derrota de ETA cuando más acorralada se encontraba; y desgracias también por permitirles ahora la salida de la negociación de un chantaje, en lugar de esperar la rendición sin condiciones. Desgracias a todos los miserables que quieren acallar a las víctimas, cuando son los principales perjudicados y, por tanto, los que más tienen que decir al respecto. Desgracias a los que cacarean que no han de haber vencedores ni vencidos, mientras intentan ganar la guerra civil a través de la "memoria histórica" 70 años después.
Desgracias a ETA (e incluyo aquí a todo su entorno) por el cese definitivo de lo que ellos llaman lucha armada (terrorismo para la gente de bien) interesadamente y por razones prácticas y estratégicas que les permitan conseguir sus fines políticos. Hay que dar desgracias, muchas desgracias, porque aun acabaremos dando las gracias a todos éstos por perdonarnos la vida y dejárnosla vivir en libertad y con dignidad. Desgracias por última vez, porque en este caso es de bien nacido ser un desagradecido.

