domingo 7 de marzo de 2010

De Loyola a Uriarte.


Parece que últimamente los discursos de los políticos comienzan a hacer un tímido viraje hacia una recuperación del discurso del mérito, el esfuerzo y la disciplina en las aulas. Y aunque solo sea porque a Sarkozy le funcionó en las elecciones del 2007, lo que la opinión pública reconoce como “derecha” ha comenzado a cogerle gusto a ese tipo de mensajes. Lo malo es cuando las palabras no van acompañadas de los hechos, y nos seguimos encontrando con que la asunción de responsabilidades sigue brillando por su ausencia en la vida política española. Aquí solamente se cesa cuando alguien se desmarca del gris discurso oficial. Por eso, aquellos que más deberían ejemplificar la libertad responsable, siguen escurriendo el bulto y tapando las vergüenzas cuando sus correligionarios son sorprendidos o descubiertos en actitudes o comportamientos inaceptables para alguien que supuestamente sirve o quiere servir al país y sus ciudadanos. Y es cierto que somos humanos y que se puede errar y enmendar, pero si bien hay equivocaciones puntuales, hay también perfiles de los que nada bueno se puede esperar. El último ejemplo lo hemos tenido en las Nuevas Generaciones del Partido Popular. Su líder, Nacho Uriarte, fue sorprendido por la policía, hace apenas dos semanas, conduciendo bebido, después de que tal hecho provocara un accidente de tráfico, por suerte, sin consecuencias para la integridad o la vida de los involucrados.
El asunto se agrava, cuando el líder de la rama juvenil del PP, es diputado y miembro de la comisión de Seguridad Vial en el Congreso de los Diputados, nada menos. En favor de Uriarte, han esgrimido que en ningún momento hizo uso de su condición de diputado ante los agentes, que ya ha dimitido de la comisión (¡solo faltaba!) y que, al fin y al cabo, el pobre volvía de su fiesta de despedida de soltero. Además, Uriarte, en sus primeras declaraciones públicas, ha dicho que lo suyo debe servir como ejemplo de lo que no se debe hacer y que un error no debe deshacer a un joven. Y parece que el partido ha quedado satisfecho, y, por eso, Mariano Rajoy no ha tenido el menor inconveniente en dar todo el apoyo público a su “cachorro” aprovechando el incomparable marco del acto de conmemoración de los 30 años de las Nuevas Generaciones.
Y es que no podíamos esperar otra cosa de los mayores del PP. Mientras Rajoy se llena la boca con ese discurso del mérito y mientras a los jóvenes se les exige cada día más preparación , -y esto quiere decir una carrera (doble titulación, mejor), un postgrado, un máster e idiomas- para optar a insertarse en el mercado laboral, el líder de los jóvenes de su partido tiene un currículum que convierte al de Bibiana Aído en el de una estupenda candidata a dirigir la NASA. Y de aquí unos años, si Uriarte llega a ministro (de momento, es diputado), nos escandalizaremos, como ahora lo hacemos con Zapatero, porque asuma responsabilidades políticas de nivel alguien sin experiencia laboral fuera de la política y con un nivel de estudios un pelín más sofisticado que el del ministro de Trabajo, Celestino Corbacho o del presidente de la Generalitat de Catalunya, José Montilla.
Mientras en los partidos en general, y en quienes hacen el discurso del mérito todavía más, se premie a los mediocres, y acaben siendo líderes de sus juventudes o diputados los que se muestran más dóciles con la dirección, por no decir, los que mejor peloteen y obedezcan, sin exigirles un nivel de estudios y de preparación a la altura de las responsabilidades que algún día deberán asumir como gobernantes, el discurso del mérito y del esfuerzo sonará a una despedida de soltero y los políticos quedaran, una vez más, en pelota picada ante la ciudadanía.
El no licenciado Uriarte sí cuenta, por el contrario, entre sus méritos, con unas patéticas declaraciones en su haber político: “el PP es un partido de centro y los de derechas que se vayan a otro”. Dicho esto, no podemos esperar más de alguien que, en el Partido Popular, dice esto, al fin y al cabo fue un adelantado a su mentor, Rajoy ,que invitó a liberales y conservadores a formar sus respectivos partidos. Y cuando los conservadores, los liberales, los democristianos, los de derechas se van del partido que les debería representar, en éste no pueden quedar más que aquellos que no se sacan un título universitario porque la carrera la van a hacer dentro del partido político y no en la universidad primero y en la empresa después . Solamente pueden quedar los que no entienden de liberalismo o socialismo, conservadurismo o progresismo, porque la política no es más que un medio para subsistir. Que Uriarte no sea hoy un cadáver político es completamente coherente con la forma de hacer de los políticos en general y de este PP en particular. Es absolutamente consecuente que Santi Abascal, que lleva años jugándose la vida en el País Vasco, no sea diputado precisamente por defender claramente, a diferencia de Uriarte, unos principios en política (además de haber acabado, también a diferencia del líder de NNGG, la carrera de Sociología). Lo que no lo es tanto es que Rajoy intente hacer creíble un discurso de libertad responsable, de excelencia y mejor preparación de los jóvenes, cuando a España se le canta las cuarenta por no poder subirse en el tren de la recuperación económica por, entre otras cosas, la falta de preparación de sus trabajadores. Un discurso que, por cierto, no sé a quien debe ir dirigido si conservadores y liberales hemos sido reiteradamente invitados por jóvenes y mayores (hasta por el mismísimo Fraga) a marcharnos de la casa popular. Muy irónico ha quedado ese homenaje a la desaparecida Loyola de Palacio, como primera presidenta de las Nuevas Generaciones que fue. Bien mirado, da mucho que pensar: hace 30 años, toda una Loyola era la jefa de juventudes y hoy lo es un tío como Uriarte. Todo muy coherente con aquello en lo que ha devenido la política y este partido en los últimos tiempos. Que me perdonen todos los buenos que pululan por las juventudes populares, pero, visto lo visto, por la forma de proceder de los mayores, a partir de Uriarte solamente podemos esperar otras nuevas degeneraciones.