Cuanto más conservadoras son las ideas, más revolucionarios son los discursos.” Oscar Wilde

viernes 30 de octubre de 2009

Del oasis a Tangentópolis.


Parece que ha llegado la hora de que en Cataluña comencemos a atrevernos a romper ciertos tabúes y a levantar las alfombras. Lamentablemente, como reconocía la ex diputada independentista y hoy sensata tertuliana, Pilar Rahola, han tenido que venir de Madrid para destaparnos las vergüenzas.
De unos meses para acá los catalanes estamos teniendo que desayunar con unas portadas de periódico que nos transportan 15 años atrás, al ocaso del felipismo en el gobierno español, donde no pasaba un día sin que se destapara un nuevo escándalo de corrupción.

Algunos pensaban que eso del choriceo no iba con nosotros, porque aquí éramos de otra manera. Que eso de las corruptelas y los pelotazos era cosa de los españoles, y en especial de los valencianos, esos irredentos rebeldes que no quieren ser los catalanes del sur. El “bigotes” es un cutre y un casposo, pariente de Andrés Pajares para más inri, y en cambio Fèlix Millet es un “gosset de casa bona”, todo un gentleman de impecable estilo, que ha mamado desde la cuna las buenas maneras. Nos diferencian las formas, pero no el fondo. Porque el caso de la actuación de Fèlix Millet al frente del Palau de la Música simboliza dramáticamente, por lo sacro del lugar del crimen, una forma de hacer que, por lo que podíamos sospechar y vamos confirmando, no era un caso aislado. Cuando aun no nos recuperábamos de dicho escándalo, llega Garzón y, a su estilo de “hombres de Harryson”, manda detener a nada menos que tres nombres que, como Millet, también simbolizan lo que ha sido el poder establecido en Cataluña desde el advenimiento de la democracia.

Un edil del PSC y dos pesos pesados convergentes del círculo más íntimo de Pujol, detenidos. ¡Demasiado para el body!
Lluís Prenafeta, la mano derecha de Pujol durante las primeras legislaturas y Macià Alavedra, ex conseller de Economia durante los años de CiU en la Generalitat, hasta su relevo por el propio Artur Mas, vienen a dejar en pecata minuta la escandalosa donación que el Palau había hecho a la Fundación Trias Fargas (uno de los think tanks de Convergencia, junto a la Catalunya Oberta que vicepreside el propio Prenafeta). Y a la vez, en la misma operación, por fin se le congela la cínica risita habitual al secretario de organización socialista, José Zaragoza, cuando se detiene al alcalde de Santa Coloma de Grament y vicepresidente de la Diputación de Barcelona, Bartomeu Muñoz, hijo del último alcalde del franquismo y paradójicamente residente en la zona del Turo Park, una las más lujosas de Barcelona, pese a su condición de edil santacolomense (que viva allí pese a la de socialista, ya no nos extraña a estas alturas).

El propio Pujol advertía en una entrevista, un día antes de las detenciones y los registros que si tirábamos de la manta, todos íbamos a salir perdiendo. ¿Y quién son todos? ¿Una clase política adormecida, mediocre, cuando no trepa y corrupta? Durante tres décadas la sociovergencia ha dominado las instituciones del Principado. Treinta años de ayuntamientos socialistas, que han hecho y deshecho gracias a sus mayorías absolutas, dan para mucho medre. Y si nada menos que nombres como Prenafeta o Alavedra andan metidos en estos berenjenales, en cuáles no estarán los que han estado por debajo de ellos.

En una maragallada más quedó el capítulo del 3%. El "establishment" decidió callar y se dedicó a reformar el Estatut. Ahora los jueces, tanto los estrella como los pusilánimes, empiezan a destapar todo aquello que se ha tapado con la senyera.

Durante seis años, la clase política catalana dominante ha metido a una ciudadanía que no lo pedía en una polémica, innecesaria y desgastante reforma del Estatut. Ahora los caciques quieren imponer la “omertá”, y aun tendrán la "barra" de revestirlo como una defensa del país frente al malvado españolismo. Pero esta Cataluña, tan diferente según el catalanismo soberanista, del resto de España se está destacando como una aventajada pionera de la italianización de la vida política y social española. De hecho, en las próximas elecciones autonómicas, a celebrar justo de aquí un año, ya amenazan con irrumpir en el Parlament, de su propia mano, nuevas fórmulas políticas críticas con el sistema. Ciutadans fue el primer aviso, Carretero con Reagrupament y Nebrera con su lista liberal-conservadora, pueden ser el segundo. La Plataforma per Catalunya de Anglada puede ser la guinda del pastel y llevarse el voto más "destroyer".
El "establishment" se asusta porque el oasis se resquebraja y su "Tagentópolis" se acerca. Ahora solamente falta que algún otro mediático oportunista, también carne de escándalos, monte su particular "Força Catalunya”. Porque aquí, el Barça, es lo que allí el Milán.

martes 20 de octubre de 2009

Excelente entrevista a Mayor Oreja en la COPE , en la cual habla claro sobre el aborto y la negligencia de los gobiernos en los que participó.

La crisis moral que vive España no se resuelve solamente con un cambio de siglas, sino con una alternativa, con un movimiento social.

lunes 19 de octubre de 2009

Mariano, resta y sigue.

Si José María Aznar escogió a Rajoy por ser éste el candidato a sucederle con menos carácter del trío de aspirantes, y así poder teledirigirlo a su antojo desde su auto encumbrada posición de guía espiritual del partido (desde la cual predica mucho de lo que no se atrevió a hacer en sus ocho años de mandato, dicho sea de paso), acertó tanto en lo primero, como erró en lo segundo. Seguramente, Rajoy era más manejable y dócil que Rodrigo Rato, el padre del milagro económico español, y que Mayor Oreja, el valiente resistente vasco y guardián de las esencias morales del partido.
El atentado del 11-M se cruzó en el camino de Rajoy, quitándole una elección cantada y segura. Y ya como líder de la oposición, no tardó mucho en dar muestras de su falta de bemoles, cuando fue incapaz de renovar el partido en el primer congreso celebrado tras la pérdida del poder. Las caras del 11-M, Acebes y Zaplana, no solamente se mantuvieron, sino que fueron elevados como números dos y tres del partido, respectivamente, reincidiendo así en el estilo comunicativo arrogante que tanto desagradaba a la opinión pública española. Los fracasados en la gestión de aquellos infames días de marzo del 2004 eran ascendidos como hombres fuertes del partido. Veer para creer.

Las políticas de Zapatero provocaron la puesta en pie de un entramado sociopolítco y cultural, hasta la fecha inexistente, de la derecha social española, a la cual el modo de perder las elecciones ya le había picado en su orgullo más profundo, siendo la punta del iceberg de tantos años de democracia como de agravio para el conservadurismo y sus gentes. Rajoy y su PP (el de Acebes y Zaplana) se vieron arrastrados por las mareas rojigualdas que por la vida y la familia, la educación, la unidad nacional y la lucha contra el terrorismo, inundaron sábado sí y sábado también, el Paseo de la Castellana, obligándole a acabar poniéndose delante de las mismas.

Llegaron las elecciones y nuevamente Rajoy mordió el polvo, con una derrota muy digna, sin duda alguna cimentada por esa movilización pública sin precedentes de la derecha española. La anunciada crisis económica tardó lo suficiente en hacerse presente en nuestro país, como para que Zapatero pudiera renovar el mandato ,para desgracia de todos. Fue entonces cuando se entendió que el Partido Popular necesitaba una renovación a fondo, que, sin embargo, paradójicamente ni comenzó por la sustitución del dos veces derrotado líder, ni se enfocó en la dirección necesaria. Rajoy, apoyado por el presidente valenciano Camps, y por el desde entonces nuevo hombre fuerte del partido, el líder andaluz Javier Arenas (otro especialista en perder elecciones) se sintió con fuerzas para seguir, después de unos meses de conjuras y rumores que acabaron en nada. Un nuevo congreso a la búlgara sirvió para que Rajoy rompiera del todo con un incipiente Partido Popular que tímidamente buscaba situarse en la línea de las fuerzas hermanas europeas sin complejo ideológico alguno.

Y desde el congreso de Valencia, en este año y poco transcurrido, Rajoy ha sido incapaz de dejarnos de demostrar sus carencias como líder, al ir empeorando la situación del partido continuamente y por toda la geografía nacional. Comenzó la cosa en el País Vasco, cuando en pleno congreso, la entonces presidenta, María San Gil -un símbolo y referente de la rebelión cívica-, dimitió al reconocer que había perdido la confianza en Rajoy. Y la cosa parece no haberse quedado allí, ya que el sustituto de ésta, Antonio Basagoiti, pasa ahora de las directrices de Génova 13 en lo que en la posición de los populares vascos respecto al concierto se refiere, llegando incluso a romper con la disciplina de voto. Algo inaudito en la historia del aznarismo.

Siguió la cosa en Navarra, cargándose un pacto con casi dos décadas de antigüedad, por el cual la derecha permanecía unida en el viejo reino. Y todo para que, un año después, se rubricara en el País Vasco exactamente el mismo pacto tácito que en ese momento la UPN no tenía más remedio que firmar en Navarra: pactar con los socialistas para evitar a los nacionalistas vascos. (Seguramente, hasta que no vean a Nafarroa Bai, encabezada por al ex batasuno Patxi Zabaleta, como candidatura más votada en la Comunidad Foral, no se darán cuenta de la barrabasada que han cometido en la tierra donde la tradición es la esperanza.)

Tampoco los bastiones de la derecha han permanecido serenos. En Madrid, presidenta de la Comunidad y alcalde, obvian al líder nacional y siguen en su particular guerra por ver quien sustituye a éste. Y en Valencia, el bochornoso espectáculo representado con la destitución de Costa, ha vuelto a poner en entredicho la capacidad del presidente nacional para liderar el partido. Y la cosa no acabará aquí, puesto que el caso Gürtel puede dar -y dará- para mucho más. Mientras tanto, Rajoy no puede sacrificar a Camps, porque éste fue su valedor en el último congreso. Si cae Camps, cae él (al menos, de momento).

Y en Catalunya -una auténtica materia pendiente para el partido-, nunca se habían dado tantos y tan violentos tumbos en tan poco tiempo, con un Rajoy superado constantemente por los acontecimientos. A Piqué, un hombre de confianza del gallego, lo echa Acebes para así dar un bandazo vidal-quadrista, que pilote un gris y hasta entonces “catalanista” Dani Sirera. Los Fernández Díaz ven peligrar el negocio y se echan al monte para cerrarle el paso a éste. Y una vez Rajoy ve la soga lejos de su cuello, al obtener su reelección, ordena poner orden en la sucursal de la calle Urgel de Barcelona, imponiendo a una Alicia Sánchez-Camacho que pasaba por allí, y que se había quedado sin ocupación tras fracasar en su intento de sacar escaño por Gerona en las generales, como candidata oficial. Madrid decidiendo y haciéndolo mal, nada nuevo en la historia del partido. Sin embargo, una outsider de la política, Montserrat Nebrera, se planta en el congreso regional y a punto está de dar un disgusto al aparato. Un año después, Nebrera se marcha, y amenaza con empeorar la ya de por sí marginal situación del partido en Catalunya, encabezando una lista de derecha regeneradora y políticamente incorrecta, en las próximas elecciones autonómicas. El voto liberal-conservador, por lo menos en Catalunya, va a dejar de salirle tan barato al PP.

A Rajoy solo le salvan las encuestas de unas hipotéticas elecciones para las que aun quedan más de tres años, y la pésima gestión de la crisis económica del gobierno zapateril. Pero tres años y medio dan para mucho, y en este partido todo es susceptible de empeorar. Mariano, suma y sigue, o mejor sería decir que Rajoy, resta y sigue.

jueves 15 de octubre de 2009

El precio por el billete del viaje al centro.

Quien no se mete en política con una vocación de servir al pueblo, lo hace para servirse de éste. Quien no entra motivado por un sentimiento de incondicional amor a su tierra, con una vigorosa y vehemente capacidad de indignación reactiva ante lo que cree injusto y –por qué no reconocerlo- con una cierta dosis de vanidad por pensar que la política si no la haces tú te la hacen los demás, es que lo único que quiere es medrar. Y quien no entra empujado por una ideología, que honestamente se cree que es la más razonable y sentimentalmente adecuada para dirigir el rumbo de la comunidad, es que se venderá a cambio del carguito a la primera de cambio y no tendrá el menor inconveniente en flexibilizar sus principios al gusto del electorado con tal de mantenerse chupando.

No nos engañemos, el amiguismo, las concesiones públicas a dedo y las comisiones están y han estado siempre a la orden del día. Lo que pasa en el Partido Popular, ha pasado y pasa en el PSOE, como pasa en el resto de partidos. Gürtel huele mal y el Palma Arena apesta directamente. La justicia hará su trabajo, demostrará hechos y dictará sentencia, fijando responsabilidades y dando o quitando razones. Pero una cosa es que en un estado de derecho no nos podamos pasar por el forro la presunción de inocencia, y otra que nos mamemos el dedo y no veamos que unos sinvergüenzas se han aprovechado de la política para hacer buena caja, porque unos dirigentes lo han permitido, cuando no han participado directamente a cambio del soborno.

Además de los chorizos a gran escala, los partidos políticos en general, y el PP en particular, están repletos de pequeños rateros, de todos aquellos que se han metido en política huérfanos de los más mínimos valores, o que a la primera de cambio en que han visto incompatible la bandera con el bolsillo, han escogido lo segundo. Son todos esos que han hecho de la política su modus vivendi. Mediocres que no podrían dedicarse a otra cosa, puesto que quedarían en evidencia sus carencias.

En el caso del Partido Popular, los Gürteles son el precio a pagar por el viaje al centro. La nada en lo moral es suplida por el interés. A menos ideal, más casposa la corrupción. Y por eso, ahora tenemos un partido repleto de trepas y arribistas.

Por suerte, aun queda buena gente. Si en Madrid, Valencia o Baleares nos estamos teniendo que tapar la nariz ante tanto aprovechado, por el norte vasco-navarro permanecen los mejores. “Mientras a algunos les gusta el lujo, el sexo, vivir bien, trincar o no trincar, aquí hay concejales, y no sólo de mi partido, que se juegan la vida por cero euros.”, decía el líder del PP vasco, Antonio Basagoiti el otro día. Él y los suyos -y los del otro partido- ahí son los auténticos políticos. Hombres y mujeres de oro, gente del pueblo que no se ha metido en política para solucionarse la vida, sino complicándosela, por no decir que jugándosela literalmente.

Pelucos y trajes por Benidorm y bombas lapa en Hernani, orgías en Pozuelo y matanzas en Leiza. En el PP hay auténticos héroes que comparten carnet y siglas con reptiles y cucarachas. Ya toca disparar el insecticida, que los valientes cojan la alternativa y Basagoiti sea Presidente, para que le cante, con su honesta rotundidad habitual, las verdades al campeón de Europa en paro. Eso sí que sería un blindaje de la buena política.

martes 6 de octubre de 2009

El drama de la derecha en España


(Publicado por Antonio Arcones, Presidente de Fundacion Burke, el 5 de Febrero de 2007)

En 1936, el bando nacional surge de una amalgama de familias y tendencias políticas bien distintas… El único nexo que explica tal confluencia es la deriva totalitaria y revolucionaria de la República; la constatada amenaza de que la democracia parlamentaria fuera sustituida por un régimen socialista.Durante la primera mitad del régimen que siguió a la Guerra Civil se conforma un sistema político con una fuerte carga ideológica y doctrinal; un sistema difícil de definir por esa diversidad intrínseca del bando nacional y porque, en éste, la propia guerra y la lucha contra el comunismo habían sido un factor de cohesión. Aun cuando el “nuevo Estado” presentó numerosos impulsos totalitarios (especialmente en las formas, por mimetismo con otros movimientos antiparlamentarios de la Europa de entreguerras), puede afirmarse que el peso de lo católico fue definitorio.

Es cierto que este último componente no estaba en el ánimo de los generales que dieron origen al alzamiento, pero la evolución del Gobierno republicano y los masivos asesinatos y persecuciones de que fueron víctimas las gentes católicas contribuyeron a que el factor religioso adquiriera un carácter central en el franquismo.

El nuevo régimen fue profundamente estatista, y dio por supuesto que la confesionalidad y los principios ideológicos que lo sustentaban eran de completa aceptación en el seno de la sociedad. De esta forma, junto a realizaciones inspiradas en la Doctrina Social de la Iglesia, a partir de 1939 el peso del Estado creció enormemente, con lo que se desdibujaba en la práctica el principio de subsidiariedad recogido en las Leyes Fundamentales.

A partir de 1957, con el triunfo de la tecnocracia y la proclamación del “crepúsculo de las ideologías”, la evolución del franquismo estuvo marcada por un deseo cada vez mayor de homologación con los países de Europa Occidental. Este deseo se articuló por medio de la despolitización de la sociedad española y de las propias instituciones oficiales.

Por otra parte, seguían vigentes el estatismo, la falta de confianza en el protagonismo de la sociedad civil y el abandono de la cultura. Asimismo, en la cultura y en la sociedad empezaron a calar una serie de principios izquierdistas con un fuerte componente de comunismo gramsciano. Sirva la universidad como ejemplo sintomático de lo que ocurrió: como, para el régimen, no tenía sentido la existencia de universidades de iniciativa social o católicas, pues ya el Estado era “conservador y católico”, la universidad española de la última etapa del franquismo (desde mediados de los 60 en adelante) estaba fuertemente marxistizada.

Todo ello nos demuestra que ninguna coraza estatista -por muy “conservador” que sea el discurso oficial, o el envoltorio ideológico- puede suplir a la sociedad civil en el desempeño de su tan necesario quehacer. A largo plazo, tanto las libertades concretas como el desarrollo social próspero y virtuoso sólo pueden alcanzarse si se cuenta con una sociedad civil fuerte y sana.

La política del franquismo afectó a la propia base social conservadora. Los sectores de la derecha, en lugar de defender con gallardía sus principios intelectuales y, al mismo tiempo, reconocer que la forma política concreta estaba marcada por la guerra y la presencia de Franco (un régimen atípico para un país atípico), lo cual presentaba inconvenientes, optaron por lo contrario: abjurar de los principios (o al menos silenciarlos) y defender numantinamente la forma política concreta.

La consecuencia fue la desmovilización intelectual del conservadurismo español, así como el descrédito de esta tradición intelectual ante los neutrales o moderados. En este contexto, la derecha carece de un modelo que proponer cuando comienza la Transición.

Por otro lado, los políticos conservadores, en vez de reivindicar a la derecha como verdadera artífice de la reforma política, fueron presa de un complejo de culpabilidad derivado de haber colaborado con el régimen que ellos habían dinamitado desde dentro para traer la democracia. Es sintomática, en este sentido, la labor de gobierno de la UCD, partido creado al amparo del Movimiento y que realizó una continua descalificación de “la derecha”, contribuyendo, así, al corrimiento ideológico del país hacia una izquierda que aún proponía, como modelo político, el socialismo real, responsable del Gulag y del mayor genocidio de la historia.

El cambio de régimen de 1975 supuso un pacto de convivencia por el que los representantes políticos de la derecha, básicamente la UCD, incluso amplios sectores de la Iglesia, abandonaron gran parte de sus principios, pues las concesiones fueron sustanciales.

La necesidad de cambio era indiscutible, pero habría sido exigible a los primeros Gobiernos de la democracia una mayor talla política. Una vez más, el abandono de la cultura y de los principios fue absoluto, y la configuración del nuevo sistema dejó a la sociedad absolutamente indefensa ante el Estado, en una situación mucho peor que la experimentada en otras democracias occidentales.

El sistema autonómico, tal y como está configurado; el enorme poder de los partidos políticos, así como su influencia en la Justicia; el peso dado, gratuitamente, a unos sindicatos muy estatistas, la ausencia de separación real de poderes o el propio sistema electoral (increíblemente consagrado, al estar reglado en la misma Constitución) son una fuente de inestabilidad y de estatismo desmesurado.

Pese a ello, y salvando aquellos primeros y turbulentos años de la Transición, la mayoría de la sociedad española vivió serenamente confiada en el proceso político que comenzó con el cambio de régimen.

Estos años no han estado exentos de momentos y situaciones muy graves, especialmente los provocados por el terrorismo. Se ha convivido con coyunturas económicas duras, sobre todo en los primeros años, así como con crisis políticas de envergadura, como la descomposición de la UCD o la más lenta debacle del PSOE, causada por su generalizada corrupción interna. De hecho, durante estos años se han producido cambios legislativos y sociales muy graves y de muy profundo calado, que han transformado el sentir y el pensar del pueblo español.

El ciudadano de derechas, o de centroderecha, ha contemplado estos cambios con sorprendente mansedumbre y resignación. Creemos que han sido varios los factores que han hecho esto posible:

- Por un lado, el cambio de régimen partía del presupuesto implícito de que había mucho que ceder para conseguir tanto la cohesión social como una convivencia pacífica y estable. De algún modo, era lo que tocaba.

- Especialmente significativo es, aquí, el hecho de que el ciudadano católico (incluyo aquí sólo a aquellos a los que la fe y la cultura católicas les hacen ver el mundo de una determinada manera, configurando su vida de una forma consciente), en su mayoría englobado en el entorno de derecha o centroderecha, también ha aceptado unos cambios sociales especialmente agresivos para la cosmovisión católica. El pacto tácito de la Transición hizo pensar a muchos que había que transigir, en aras del pluralismo, hasta alcanzar una situación de equilibrio, estable, en la que todos estaríamos cómodos.

- Las referencias para estos ciudadanos, los partidos de centroderecha (UCD y PP), y en muchas ocasiones amplios sectores de la Iglesia, han mandado sistemáticamente este mensaje, dejando en una situación muy comprometida a quien discutiera o planteara cuestiones de calado al proceso. Discutir la forma en que se estaba planteando el modelo parecía significar que se cuestionaba el propio régimen de libertades que otorga un sistema democrático parlamentario.

- La iniciativa cultural y social ha sido siempre de la izquierda. Los sectores más tradicionales y católicos no tenían la conciencia militante que otorgan la reivindicación y la mentalidad de “agredido”. La comodidad no favorece la iniciativa ni el compromiso.

Sin embargo, en estos momentos, y por primera vez en los últimos 30 años, un gran sector de la población vive en España con la conciencia y la percepción de que las cosas no marchan bien, y esto en un sentido profundo de la expresión; con la sensación de que hay algo de fondo que se resquebraja y de que no es posible mantener por más tiempo un optimismo voluntarista.

Los sucesos del 11 de marzo de 2004 y los resultados electorales de ese mismo fin de semana supusieron una conmoción que dejó a la mitad del país con una sensación de agravio, injusticia y desamparo.

En nuestra opinión, en una buena parte de esa mitad del país el problema es sólo accidental, y se reduce al amargor por la derrota del Partido Popular y por cómo se produjo. Sin embargo, para un porcentaje significativo de dicha “mitad” ese momento ha supuesto la cristalización de un proceso más profundo y lento: el agotamiento del dogma que dice: “Pese a los problemas que veo, el país va, en su conjunto, a mejor, aunque yo no lo vea”.

Este cambio de mentalidad, esta nueva actitud, se explica desde diversas causas que confluyen:

- Por un lado, simplemente se ve con más claridad las consecuencias derivadas de unos principios culturales y morales que se han venido implantando en nuestro país en estos años, así como de unas soluciones políticas que tal vez no hayan sido las óptimas. Las delirantes iniciativas legislativas del Gobierno de Zapatero hacen esto más evidente.

- La aceptación por gran parte de la sociedad del denominado “proceso de paz” debiera hacer pensar a los políticos del PP que gobernar no es gestionar el IRPF o el IPC. La no proposición de un modelo social y cultural, la destrucción de la familia y la instauración de un materialismo zafio es algo que hunde la vitalidad moral de la sociedad, conduce a una pérdida del capital social más valioso y -tal vez lo único que les interese- representa un suicidio político.

- Los ocho años de Gobierno del Partido Popular y su abrupto final han evidenciado para muchos:

1) La falta de modelo cultural en el PP, que no cambió el panorama mediático ni el educativo con medidas realmente liberalizadoras, que permitieran la entrada de aire fresco y el establecimiento de un auténtico debate intelectual. Antes bien, se mantuvo la política estatista y de subvenciones; pensaron que tal vez así se ganarían a la “inteligencia” cultural.

2) Que desde un Gobierno “de derechas” se profundizó en el acoso y destrucción de la familia, con medidas sin las cuales no serían posibles los nuevos pasos en la misma senda que ahora da el Gobierno del PSOE.

3) La paradoja de un partido conservador que no es consciente de que contribuye a debilitar las estructuras naturales de la sociedad civil, precisamente aquéllas que, a medio y largo plazo, favorecen su modelo teórico de sociedad y, por ello, sus posibilidades electorales.

- Todo parece indicar que la izquierda y los nacionalismos han dado por terminada la Transición e intentan retomar la ruptura política que no pudieron acometer en 1975. Una vez más, se comprueba que el juego democrático con un marco establecido sirve a la izquierda y a los nacionalismos mientras puedan conseguir avances para sus posiciones. Pero parece que no estaban dispuestos a tolerar otra victoria de un Gobierno no izquierdista. Esto provocó, especialmente en los últimos dos años de Gobierno popular, una actitud muy violenta contra el PP, pasándose de la demagogia habitual a episodios realmente totalitarios y coactivos. La izquierda, así, consiguió movilizar a sus bases, pero también abrió los ojos a mucha otra gente, “empujándola” hacia la derecha, que reclamó el mismo derecho que la izquierda a opinar, manifestarse y no aceptar el discurso oficial imperante.

Este incipiente cambio de mentalidad permite albergar esperanzas sobre la regeneración política y social que España necesita. Pero nada se podrá hacer si no se parte de la premisa, realista, de la tremenda debilidad de la sociedad civil española y del complejo que lastra a los políticos e intelectuales “conservadores” españoles.

La única duda es si podemos esperar algo serio del actual partido de la oposición o si, por el contrario, su ensamblaje en el sistema del “consenso”, el estatismo y el dinero público fácil en que viven todas las formaciones políticas le hace incapaz para cualquier tipo de reacción, especialmente para la que España precisa.

Mientras podamos resolver esta duda, sólo nos queda afianzar nuestros principios, crear redes sociales, instituciones o fundaciones donde poder establecer debates reales sobre ideas, formar en los principios conservadores a nuestros mejores jóvenes, contribuir al debate público mediante revistas, publicaciones… Es urgente defender públicamente, donde podamos, que una concepción conservadora de la sociedad es lo más favorable para todos -especialmente para los más desfavorecidos económicamente-, que no hay libertad sin libertad económica y que no se puede ser una sociedad libre si no se es una sociedad virtuosa.

En definitiva, nos queda por hacer aquello que más teme el consenso socialdemócrata imperante: luchar por que la nuestra sea una sociedad verdaderamente libre.

viernes 18 de septiembre de 2009

Verdes por fuera, rojos por dentro.

Dignos adversarios eran aquellos caballerosos Gregorio López Raimundo y Antonio Gutiérrez Díaz “el Guti”, históricos dirigentes comunistas catalanes ya fallecidos, que importantes papeles desempeñaron en las transacciones de la transición. Incluso Pere Ardiaca, nuestro particular Erik Honecker catalán ,merecía de cierto respeto, a pesar de sus pseudo stalinistas ideas. Incluso salvaría de la quema a Rafael Ribó y a Eulalia Vintró, los cuales renovaron la imagen y el nombre comercial de la patente catalana del Partido Comunista de España, y al principio mantuvieron una buena sintonía con el coherente y carismático Julio Anguita.

Y es que contra más se aleja el comunismo catalán -hoy llamado eco socialismo- del PSUC, más patético (y quiero hacer especial hincapié en lo de PATÉTICO) se vuelve. Y no es que el partido de la “gauche divine”, que con votos obreros mantenía los cargos públicos de los pijo progres de turno, fuera bueno, sino que los (y las) Sauras, Mayoles, Herreras, Nuets, Miralles y Camats de turno, santifican hasta a Enrique Líster.


Lo que fue en su momento el autoproclamado partido de los trabajadores, hoy se tiene que conformar con ser el del carril bici. Y es que la simpleza con la que Joan Herrera lanza sus propuestas, y la simpleza misma de éstas, provoca confusión sobre si es su imitador de Polonia o él mismo quien nos habla.

Apaguemos las luces de casa dos minutos el sábado por la tarde, cuando volvamos de ir de compras por Pedralbes Centre y antes de salir a cenar por el Borne, para dar un respiro al planeta. Hagamos de los mossos d’esquadra una policía dialogante, que pegue a lo ruso, pero de buen rollo. Y cuando peguen, desacreditémosles. Si total, salvo en el telón de acero, siempre nos ha caído mal la policía. Creemos zonas rojas (como no) de tolerancia para el ejercicio de la prostitución (me da que no será en Gracia), aunque no lo digamos muy alto, no sea que el colectivo violeta del partido nos monte la vigésimo octava escisión marxista. Hagamos ir a los coches a ritmo de bicicleta por la autopista, que el PSC y Esquerra nos ríen la gracia. Respecto a la crisis, digamos lo de siempre: que paguen más impuestos los ricos (los de derechas, eh), y así quedamos como reyes –perdón, como secretarios del comité central-. Boicoteemos a una cantante israelí, que hacerse con la causa palestina nos gusta, no sabemos porqué pero nos gusta. Llevemos pañuelos palestinos en la Diada y quitémonos las corbatas, pero de deshacerse de la camisa Toni Miró ni hablar. Repartamos condones a las puertas de la catedral. Llamemos asesinos a Bush y Aznar, a la vez que nos mostramos preocupados por la falta de democracia ante la prohibición de las candidaturas de la izquierda abertzale asesina. Y si nos pescan utilizando el coche oficial hasta para ir a mear, en lugar de coger el metro o la bici, digamos que es un transporte público.

Lo triste es que todo ésto está dicho y hecho por dirigentes de ICV-EUiA. No hace falta poner ni una pizca de exageración.


A Iniciativa per Catalunya-Els Verds y Esquerra Unida i Alternativa, se le ha acabado la bula que les daba su mensaje alternativo, porque se ha visto que dicha alternativa es la tontería y la política de escaparate elevada a la máxima potencia. Sus votantes más convencidos están decepcionados con la acción de gobierno. Su irresponsabilidad al frente de la Consejería de Interior o en el ayuntamiento de Barcelona, ha causado el bochorno de la ciudadanía. Sus ocurrencias ya no le hacen gracia al resto de partidos que les veían como los “flower power” del parlamento, ni tampoco a los columnistas progres que durante años les han ayudado a franquearse una imagen simpática ante la sociedad. Hoy en cambio, son muchos los generadores de opinión –y no de la derecha, precisamente- que les equiparan con la misma Falange, que el otro día se paseó por Arenys. Pues eso, que son en la izquierda, lo que la Falange es en la derecha.


Y es que en una triste caricatura ha devenido una ideología culpable de la masacre de millones de vidas humanas, de la pobreza y la miseria en todos aquellos estados en los que ha gobernado (siempre de manera no democrática y sin previas elecciones, no lo olvidemos) y que aun hoy ofrece coreografía roja y demagogia social a las últimas dictaduras que quedan en pie en el planeta, las cuales tan bien ejemplifican su “otro mundo es posible”. Si miramos más allá del Ebro, sus correligionarios de Izquierda Unida (lo de izquierda será de verdad pero lo de unida es de chiste) parecen acelerar la derrota final con la elección de un tal Cayo Lara como líder, sin acabar de quitarse a Llamazares de en medio. Y es que a los comunistas no les queda otra opción que no sea el suicidio asistido. Ellos sí que lo necesitan urgentemente, después de la opa que el –en sus propias palabras- “rojo” Zapatero les lanza desde el PSOE. ¿Para qué queremos comunistas si ya tenemos una “social democracia” que cumple con el papel marxista de izquierda extrema: ingeniería social + desmantelamiento acelerado de la economía, además de tener ministras que levantan el puño y cantan La Internacional con gracia y salero?


Hasta que el electorado no decida suministrarles la inyección letal, seguirán los Herreras, desde su complejo de superioridad social, vendiendo sus sandías. Unos productos 100 x 100 sostenibles: verdes por fuera y rojos por dentro. Pero la caída de este muro también llegará. De momento, cordón sanitario del resto de partidos políticos frente a ellos. Y ya no por comunistas, sino por tontos.


Y a todo esto, ¡qué bien que me caía Cristina Almeida!

jueves 3 de septiembre de 2009

Excursión a Arenys de Munt


La polémica va aumentando conforme nos vamos acercando a la Diada del 11 de Septiembre y la fecha prevista para que el ayuntamiento de Arenys de Munt (pueblo típico de excursiones escolares) celebre un pretencioso referéndum para decidir textual y directamente sobre la independencia de Cataluña. Recursos apelando a la ilegalidad por parte de los partidos políticos no catalanistas y las instituciones del Estado, así como una manifestación falangista (ignoro si con cantimplora, chirucas y tortilla incluídas) se van anunciando estos días, ayudando a elevar a noticia trascendente lo que no debería dejar de ser una pura anécdota digna de haber figurado en algún capítulo de aquella serie de televisión de los años 70 llamada “Crónicas de un pueblo.”
Tal iniciativa, a la vista de la rastrera forma con la que siguen algunos por el norte luchando para conseguir la separación de su tierra respecto a la Patria grande, es una manera pacífica de trabajar en pro del “finis hispanie”, que no por ello la hace muy presentable.
El mismo hecho de que un ayuntamiento vaya por libre a la hora de convocarlo (aun utilizando asociaciones de tapado) además de ser dudosamente legal puesto que no creo que sea una materia que un municipio pueda llevar a consulta, es altamente pretencioso. Porque seguramente, ésta misma consulta, arrojaría diferentes resultados si se hiciera en Vic, en Santa Coloma de Gramanet, en Tortosa, en Sant Andreu de Llavaneras, en Vilafranca del Penedés o en los distritos de Les Corts y Sarriá-San Gervasio de Barcelona. Hacer de Arenys de Munt un laboratorio experimental sobre el ansiado referéndum es falsear a mala fe la sociología catalana, puesto que ya se sabe de antemano que habrá un resultado más favorable a favor de la independencia que en otro municipio, y eso es manipular la realidad presentando la voluntad de una parte minúscula que no tiene porque corresponderse con la de toda Catalunya.

Pero no acaba aquí la cosa, puesto que el referéndum no pasaría ni de broma la prueba del algodón democrático ya que el mismo planteamiento, la misma denominación y la propia pregunta que se formula desprenden un tufo de “chavista” que espanta. Porque no estamos ante un referéndum de autodeterminación, en el que se plantee cual debe ser la forma en la que Catalunya se organice como territorio --si como región sin competencias, comunidad autónoma, nación sin estado propio, estado federado, estado confederado, estado libre asociado o estado independiente-, sino que se vota por la independencia directamente. Aquí lo que importa es que cuatro urnas se llenen de muchas papeletas con el Sí para poder alardear de que cuando se le pregunta al ciudadano catalán éste responde a favor de romper con España, y de paso el alcalde se marca un tanto ante la parroquia nacionalista. Los doctos en la materia de las encuestas, las muestras y las consultas, saben que las preguntas si se hacen de una determinada forma u de otra pueden condicionar la respuesta de un alto porcentaje del público consultado, lo cual provoca que el estudio no sirva para nada puesto que no refleja la realidad.

Pero el detalle más importante es que -como ya pasó con el referéndum por el nuevo Estatut- esta consulta no nace ni del consenso de todos los partidos políticos, ni de un mayoritario y ansiado anhelo del pueblo (que supongo que, tal y como va la economía, deben estar por cuestiones más provechosas) sino solamente de quienes son favorables a la independencia. Son pues unas elecciones interesadas y manipuladas desde el principio, desde su propia convocatoria. Es un acto para lucimiento del independentista puesto que ya se sabe que solamente irán a votar los motivados pro indenpendencia. Y mientras, los demás, en su inmensa mayoría, no se prestarán al juego del señor alcalde.
Ya sabemos que el 95% de ciudadanos de Arenys de Munt (que vayan a votar) se mostrarán partidarios de la independencia de Cataluña.
Y eso no quita que seguramente, si todos los censados fueran a votar, el porcentaje de personas favorables no sería el mayoritario. Seguramente el hecho de que el pleno del ayuntamiento lo haya podido tirar adelante, habla de cual es la sensibilidad de los ciudadanos respecto a esta cuestión, aunque ya se sepa que en los pueblos se vota a personas y no a siglas o ideologías.

Lo que será muy gracioso es ver ese anunciado mitin común de Convergencia (sin Unió), ERC y las pseudo batasunas de las CUP, como polo partidario del Sí. Desde aquí animo a CDC a ser valiente, a dejar salir a los no soberanistas que habitan en ella, romper con Unió recogiendo a los democristianos “separatas” que pueda haber y conformar una única candidatura abiertamente independentista para las próximas elecciones al Parlament de Catalunya. Eso sí que sería un referéndum de verdad. Mientras tanto, dejémonos de recursos y manifestaciones y que Arenys de Munt se quede para las excursiones.