lunes 8 de febrero de 2010
lunes 4 de enero de 2010
El ejemplo italiano, para coger ánimos de cara al 2010.
LA DERECHA SOCIAL ITALIANA – LA CONQUISTA CULTURAL
De la realidad cultural y social de la Europa del naciente siglo XXI podemos extraer algunas lecturas precisas: la cultura dominante establece gobiernos políticos. La ideología igualitarista ha llevado a que la izquierda política domine tanto dentro como fuera del ámbito partidario y político, pues posee el dominio del lenguaje y la cultura general, es decir, la meta política. La cultura está a la izquierda del pensamiento y nadie lo discute. La derecha política mira desde afuera cuando de conquista cultural se trata. Pero ante este verdadero poder, un país ha marcado la diferencia en los últimos tiempos, generando un nuevo paradigma para la derecha ideológica. Un país donde los frutos de un trabajo paciente y decidido ha generado un protagonismo único en el continente y que promete ser el referente de otros movimientos de la derecha en las próximas décadas. Conozcamos a la derecha social italiana.
En la Italia del siglo XXI, la derecha política ha dado el batacazo. La izquierda europea mira con pavor y preocupación este crecimiento de un contrincante que año a año logra nuevas conquistas. Pero no se trata de un fenómeno espontáneo ni meramente electoral. El poder de la derecha italiana radica mas allá de sus crecientes votos en las urnas, en un trabajo meta político. La derecha italiana ha logrado romper con un cerco que la izquierda había levantado sólidamente dándole el éxito social con el que hasta ahora contaba al igual que en otros países.
Digamos pues que la realidad política de la derecha italiana es el producto final de un trabajo en otros ámbitos previos y que no se ha limitado a auxiliar partidos políticos cuando se aproximan las elecciones, sino que el activismo de esa derecha estás vigente los 365 días del año sin descanso. La derecha italiana es ante todo de origen social. Los distintos conglomerados de la derecha vienen logrando establecer verdaderos nichos sociales y culturales en distintos puntos de las ciudades italianas desde hace décadas. La destra, ha comprendido la importancia de una labor comunitaria indispensable. En los ámbitos donde la izquierda contaba con un monopolio absoluto e inviolable, ahora existe una competencia que compite a la par.
La derecha italiana ha realizado además una lectura analítica que la derecha tiende a desconocer ya sea por comodidad, por no correr los riesgos, por autosuficiencia. Las sociedades postmodernas han generado un desprendimiento social incapaz de auto corregirse. Muchos expertos aceptan ya que El siglo XXI es el siglo de la inseguridad. Pero no entendamos la inseguridad como este factor meramente delictivo, sino una inseguridad más extendida y general. Podemos hablar de un vacío existencial; Una pérdida de referentes colectivos ante el empuje del individualismo cosmopolita propio de las sociedades de consumo. Lo que la política no puede solucionar lo puede corregir la acción social. Es en ese aspecto que la derecha italiana ha fijado sus objetivos básicos. Las casas sociales son un ejemplo de ello. Existen en Italia cientos de casas sociales de la destra. En ella, los ciudadanos pueden recurrir a encontrar respuestas de carácter comunitario más próximo, lugares de contención para los más jóvenes, diversión y cultura general. La sociedad autoorganizada sirve como foco de contención social a miles de personas que se unen por valores en común basados en los lazos de solidaridad que la sociedad postmoderna ha derruido.
Las agrupaciones juveniles han surgido por decenas, representado los intereses reales y urgentes de los adolescentes italianos. Fare Verde es un ejemplo de ello, una organización ecologista de la actual coalición gobernante y que ha establecido un combate en un área que parece haber pertenecido a la izquierda desde siempre.
Se trata de grupos alejados tanto del catastrofismo ecologista de la izquierda como del indiferentismo hacia los temas ecológicos de cierto liberalismo economicista, que tienen sus filas plagadas de jóvenes comprometidos con el cuidado de la naturaleza y el medio ambiente. No cabe la posibilidad de que ninguna actividad quede librada al azar. Las publicaciones intelectuales y culturales cuentas por decenas con tiradas considerables. Existen experiencias hiper novedosas desde la óptica artística y en muchas ocasiones un paso delante de la propia izquierda como es el caso de Laboratorio99.
En cuanto al activismo estudiantil secundario y terciario cabe agregar que mas del 25% de los estudiantes italianos se encuentran nucleados en sindicatos de derecha y su activismo es de los mas notorios en la actualidad. En tanto la izquierda domina los reclamos clásicos en los demás países europeos, la derecha italiana se encuentra a la vanguardia con una actitud irreverente, rebelde y auténticamente nacional.
A ello debemos sumarle actividades diversas como ser, campamentos juveniles, tiendas y librerías de literatura especializada, ferias y centros comunitarios donde se realizan ponencias y todo tipo de actividades intelectuales Socorros sociales y ayuda y colecta de alimentos y vestimenta a los que más necesitan como sucedió hace poco con el sismo acontecido en Abruzzo.
Conciertos de música folclórica y juvenil han florecido por decenas y el público que consume dicho arte musical crece año a año. El accionar de la derecha italiana ha llevado a que los insípidos gobiernos liberales y tecnocráticos preocupados por la labor meramente económica dejen nuevamente al azar una labor vital para el sostenimiento de una sociedad sana y fortalecida. La derecha social ha desplazado no solo a la izquierda de su coto de caza indiscutido sino que ha llenado un vacío que las fuerzas liberales no podían ni deseaban llenar.
Tomar conciencia de esta labor es el primer paso para una conquista real de un poder que cada día se mide más en términos culturales y sociales antes que políticos. De no tomar parte en esta dimensión tan importante, veremos como los logros electorales pueden ser destruidos o vaciados en un abrir y cerrar de ojos. Italia y la destra nos marcan el camino…
FUENTE: FORMACIONES (Ideas y reflexiones desde la derecha)
http://formaciones.wordpress.com/
viernes 30 de octubre de 2009
Del oasis a Tangentópolis.

De unos meses para acá los catalanes estamos teniendo que desayunar con unas portadas de periódico que nos transportan 15 años atrás, al ocaso del felipismo en el gobierno español, donde no pasaba un día sin que se destapara un nuevo escándalo de corrupción.
Algunos pensaban que eso del choriceo no iba con nosotros, porque aquí éramos de otra manera. Que eso de las corruptelas y los pelotazos era cosa de los españoles, y en especial de los valencianos, esos irredentos rebeldes que no quieren ser los catalanes del sur. El “bigotes” es un cutre y un casposo, pariente de Andrés Pajares para más inri, y en cambio Fèlix Millet es un “gosset de casa bona”, todo un gentleman de impecable estilo, que ha mamado desde la cuna las buenas maneras. Nos diferencian las formas, pero no el fondo. Porque el caso de la actuación de Fèlix Millet al frente del Palau de la Música simboliza dramáticamente, por lo sacro del lugar del crimen, una forma de hacer que, por lo que podíamos sospechar y vamos confirmando, no era un caso aislado. Cuando aun no nos recuperábamos de dicho escándalo, llega Garzón y, a su estilo de “hombres de Harryson”, manda detener a nada menos que tres nombres que, como Millet, también simbolizan lo que ha sido el poder establecido en Cataluña desde el advenimiento de la democracia.
Un edil del PSC y dos pesos pesados convergentes del círculo más íntimo de Pujol, detenidos. ¡Demasiado para el body!
Lluís Prenafeta, la mano derecha de Pujol durante las primeras legislaturas y Macià Alavedra, ex conseller de Economia durante los años de CiU en la Generalitat, hasta su relevo por el propio Artur Mas, vienen a dejar en pecata minuta la escandalosa donación que el Palau había hecho a la Fundación Trias Fargas (uno de los think tanks de Convergencia, junto a la Catalunya Oberta que vicepreside el propio Prenafeta). Y a la vez, en la misma operación, por fin se le congela la cínica risita habitual al secretario de organización socialista, José Zaragoza, cuando se detiene al alcalde de Santa Coloma de Grament y vicepresidente de la Diputación de Barcelona, Bartomeu Muñoz, hijo del último alcalde del franquismo y paradójicamente residente en la zona del Turo Park, una las más lujosas de Barcelona, pese a su condición de edil santacolomense (que viva allí pese a la de socialista, ya no nos extraña a estas alturas).
El propio Pujol advertía en una entrevista, un día antes de las detenciones y los registros que si tirábamos de la manta, todos íbamos a salir perdiendo. ¿Y quién son todos? ¿Una clase política adormecida, mediocre, cuando no trepa y corrupta? Durante tres décadas la sociovergencia ha dominado las instituciones del Principado. Treinta años de ayuntamientos socialistas, que han hecho y deshecho gracias a sus mayorías absolutas, dan para mucho medre. Y si nada menos que nombres como Prenafeta o Alavedra andan metidos en estos berenjenales, en cuáles no estarán los que han estado por debajo de ellos.
En una maragallada más quedó el capítulo del 3%. El "establishment" decidió callar y se dedicó a reformar el Estatut. Ahora los jueces, tanto los estrella como los pusilánimes, empiezan a destapar todo aquello que se ha tapado con la senyera.
Durante seis años, la clase política catalana dominante ha metido a una ciudadanía que no lo pedía en una polémica, innecesaria y desgastante reforma del Estatut. Ahora los caciques quieren imponer la “omertá”, y aun tendrán la "barra" de revestirlo como una defensa del país frente al malvado españolismo. Pero esta Cataluña, tan diferente según el catalanismo soberanista, del resto de España se está destacando como una aventajada pionera de la italianización de la vida política y social española. De hecho, en las próximas elecciones autonómicas, a celebrar justo de aquí un año, ya amenazan con irrumpir en el Parlament, de su propia mano, nuevas fórmulas políticas críticas con el sistema. Ciutadans fue el primer aviso, Carretero con Reagrupament y Nebrera con su lista liberal-conservadora, pueden ser el segundo. La Plataforma per Catalunya de Anglada puede ser la guinda del pastel y llevarse el voto más "destroyer".
El "establishment" se asusta porque el oasis se resquebraja y su "Tagentópolis" se acerca. Ahora solamente falta que algún otro mediático oportunista, también carne de escándalos, monte su particular "Força Catalunya”. Porque aquí, el Barça, es lo que allí el Milán.
martes 20 de octubre de 2009
Excelente entrevista a Mayor Oreja en la COPE , en la cual habla claro sobre el aborto y la negligencia de los gobiernos en los que participó.
lunes 19 de octubre de 2009
Mariano, resta y sigue.
Si José María Aznar escogió a Rajoy por ser éste el candidato a sucederle con menos carácter del trío de aspirantes, y así poder teledirigirlo a su antojo desde su auto encumbrada posición de guía espiritual del partido (desde la cual predica mucho de lo que no se atrevió a hacer en sus ocho años de mandato, dicho sea de paso), acertó tanto en lo primero, como erró en lo segundo. Seguramente, Rajoy era más manejable y dócil que Rodrigo Rato, el padre del milagro económico español, y que Mayor Oreja, el valiente resistente vasco y guardián de las esencias morales del partido.El atentado del 11-M se cruzó en el camino de Rajoy, quitándole una elección cantada y segura. Y ya como líder de la oposición, no tardó mucho en dar muestras de su falta de bemoles, cuando fue incapaz de renovar el partido en el primer congreso celebrado tras la pérdida del poder. Las caras del 11-M, Acebes y Zaplana, no solamente se mantuvieron, sino que fueron elevados como números dos y tres del partido, respectivamente, reincidiendo así en el estilo comunicativo arrogante que tanto desagradaba a la opinión pública española. Los fracasados en la gestión de aquellos infames días de marzo del 2004 eran ascendidos como hombres fuertes del partido. Veer para creer.
Las políticas de Zapatero provocaron la puesta en pie de un entramado sociopolítco y cultural, hasta la fecha inexistente, de la derecha social española, a la cual el modo de perder las elecciones ya le había picado en su orgullo más profundo, siendo la punta del iceberg de tantos años de democracia como de agravio para el conservadurismo y sus gentes. Rajoy y su PP (el de Acebes y Zaplana) se vieron arrastrados por las mareas rojigualdas que por la vida y la familia, la educación, la unidad nacional y la lucha contra el terrorismo, inundaron sábado sí y sábado también, el Paseo de
Llegaron las elecciones y nuevamente Rajoy mordió el polvo, con una derrota muy digna, sin duda alguna cimentada por esa movilización pública sin precedentes de la derecha española. La anunciada crisis económica tardó lo suficiente en hacerse presente en nuestro país, como para que Zapatero pudiera renovar el mandato ,para desgracia de todos. Fue entonces cuando se entendió que el Partido Popular necesitaba una renovación a fondo, que, sin embargo, paradójicamente ni comenzó por la sustitución del dos veces
derrotado líder, ni se enfocó en la dirección necesaria. Rajoy, apoyado por el presidente valenciano Camps, y por el desde entonces nuevo hombre fuerte del partido, el líder andaluz Javier Arenas (otro especialista en perder elecciones) se sintió con fuerzas para seguir, después de unos meses de conjuras y rumores que acabaron en nada. Un nuevo congreso a la búlgara sirvió para que Rajoy rompiera del todo con un incipiente Partido Popular que tímidamente buscaba situarse en la línea de las fuerzas hermanas europeas sin complejo ideológico alguno.
Y desde el congreso de Valencia, en este año y poco transcurrido, Rajoy ha sido incapaz de dejarnos de demostrar sus carencias como líder, al ir empeorando la situación del partido continuamente y por toda la geografía nacional. Comenzó la cosa en el País Vasco, cuando en pleno congreso, la entonces presidenta, María San Gil -un símbolo y referente de la rebelión cívica-, dimitió al reconocer que había perdido la confianza en Rajoy. Y la cosa parece no haberse quedado allí, ya que el sustituto de ésta, Antonio Basagoiti, pasa ahora de las directrices de Génova 13 en lo que en la posición de los populares vascos respecto al concierto se refiere, llegando incluso a romper con la disciplina de voto. Algo inaudito en la historia del aznarismo.
Siguió la cosa en Navarra, cargándose un pacto con casi dos décadas de antigüedad, por el cual la derecha permanecía unida en el viejo reino. Y todo para que, un año después, se rubricara en el País Vasco exactamente el mismo pacto tácito que en ese momento
Tampoco los bastiones de la derecha han permanecido serenos. En Madrid, presidenta de
Y en Catalunya -una auténtica materia pendiente para el partido-, nunca se habían dado tantos y tan violentos tumbos en tan poco tiempo, con un Rajoy superado constantemente por los acontecimientos. A Piqué, un hombre de confianza del gallego, lo echa Acebes para así dar un bandazo vidal-quadrista, que pilote un gris y hasta entonces “catalanista” Dani Sirera. Los Fernández Díaz ven peligrar el negocio y se echan al monte para cerrarle el paso a éste. Y una vez Rajoy ve la soga lejos de su cuello, al obtener su reelección, ordena poner orden en la sucursal de la calle Urgel de Barcelona, imponiendo a una Alicia Sánchez-Camacho que pasaba por allí, y que se había quedado sin ocupación tras fracasar en su intento de sacar escaño por Gerona en las generales, como candidata oficial. Madrid decidiendo y haciéndolo mal, nada nuevo en la historia del partido. Sin embargo, una outsider de la política, Montserrat Nebrera, se planta en el congreso regional y a punto está de dar un disgusto al aparato.
Un año después, Nebrera se marcha, y amenaza con empeorar la ya de por sí marginal situación del partido en Catalunya, encabezando una lista de derecha regeneradora y políticamente incorrecta, en las próximas elecciones autonómicas. El voto liberal-conservador, por lo menos en Catalunya, va a dejar de salirle tan barato al PP.
A Rajoy solo le salvan las encuestas de unas hipotéticas elecciones para las que aun quedan más de tres años, y la pésima gestión de la crisis económica del gobierno zapateril. Pero tres años y medio dan para mucho, y en este partido todo es susceptible de empeorar. Mariano, suma y sigue, o mejor sería decir que Rajoy, resta y sigue.
jueves 15 de octubre de 2009
El precio por el billete del viaje al centro.

No nos engañemos, el amiguismo, las concesiones públicas a dedo y las comisiones están y han estado siempre a la orden del día. Lo que pasa en el Partido Popular, ha pasado y pasa en el PSOE, como pasa en el resto de partidos. Gürtel huele mal y el Palma Arena apesta directamente. La justicia hará su trabajo, demostrará hechos y dictará sentencia, fijando responsabilidades y dando o quitando razones. Pero una cosa es que en un estado de derecho no nos podamos pasar por el forro la presunción de inocencia, y otra que nos mamemos el dedo y no veamos que unos sinvergüenzas se han aprovechado de la política para hacer buena caja, porque unos dirigentes lo han permitido, cuando no han participado directamente a cambio del soborno.
Además de los chorizos a gran escala, los partidos políticos en general, y el PP en particular, están repletos de pequeños rateros, de todos aquellos que se han metido en política huérfanos de los más mínimos valores, o que a la primera de cambio en que han visto incompatible la bandera con el bolsillo, han escogido lo segundo. Son todos esos que han hecho de la política su modus vivendi. Mediocres que no podrían dedicarse a otra cosa, puesto que quedarían en evidencia sus carencias.
En el caso del Partido Popular, los Gürteles son el precio a pagar por el viaje al centro. La nada en lo moral es suplida por el interés. A menos ideal, más casposa la corrupción. Y por eso, ahora tenemos un partido repleto de trepas y arribistas.
Por suerte, aun queda buena gente. Si en Madrid, Valencia o Baleares nos estamos teniendo que tapar la nariz ante tanto aprovechado, por el norte vasco-navarro permanecen los mejores. “Mientras a algunos les gusta el lujo, el sexo, vivir bien, trincar o no trincar, aquí hay concejales, y no sólo de mi partido, que se juegan la vida por cero euros.”, decía el líder del PP vasco, Antonio Basagoiti el
otro día. Él y los suyos -y los del otro partido- ahí son los auténticos políticos. Hombres y mujeres de oro, gente del pueblo que no se ha metido en política para solucionarse la vida, sino complicándosela, por no decir que jugándosela literalmente.Pelucos y trajes por Benidorm y bombas lapa en Hernani, orgías en Pozuelo y matanzas en Leiza. En el PP hay auténticos héroes que comparten carnet y siglas con reptiles y cucarachas. Ya toca disparar el insecticida, que los valientes cojan la alternativa y Basagoiti sea Presidente, para que le cante, con su honesta rotundidad habitual, las verdades al campeón de Europa en paro. Eso sí que sería un blindaje de la buena política.
martes 6 de octubre de 2009
El drama de la derecha en España

(Publicado por Antonio Arcones, Presidente de Fundacion Burke, el 5 de Febrero de 2007)
En 1936, el bando nacional surge de una amalgama de familias y tendencias políticas bien distintas… El único nexo que explica tal confluencia es la deriva totalitaria y revolucionaria de la República; la constatada amenaza de que la democracia parlamentaria fuera sustituida por un régimen socialista.Durante la primera mitad del régimen que siguió a la Guerra Civil se conforma un sistema político con una fuerte carga ideológica y doctrinal; un sistema difícil de definir por esa diversidad intrínseca del bando nacional y porque, en éste, la propia guerra y la lucha contra el comunismo habían sido un factor de cohesión. Aun cuando el “nuevo Estado” presentó numerosos impulsos totalitarios (especialmente en las formas, por mimetismo con otros movimientos antiparlamentarios de la Europa de entreguerras), puede afirmarse que el peso de lo católico fue definitorio.
Es cierto que este último componente no estaba en el ánimo de los generales que dieron origen al alzamiento, pero la evolución del Gobierno republicano y los masivos asesinatos y persecuciones de que fueron víctimas las gentes católicas contribuyeron a que el factor religioso adquiriera un carácter central en el franquismo.
El nuevo régimen fue profundamente estatista, y dio por supuesto que la confesionalidad y los principios ideológicos que lo sustentaban eran de completa aceptación en el seno de la sociedad. De esta forma, junto a realizaciones inspiradas en la Doctrina Social de la Iglesia, a partir de 1939 el peso del Estado creció enormemente, con lo que se desdibujaba en la práctica el principio de subsidiariedad recogido en las Leyes Fundamentales.
A partir de 1957, con el triunfo de la tecnocracia y la proclamación del “crepúsculo de las ideologías”, la evolución del franquismo estuvo marcada por un deseo cada vez mayor de homologación con los países de Europa Occidental. Este deseo se articuló por medio de la despolitización de la sociedad española y de las propias instituciones oficiales.
Por otra parte, seguían vigentes el estatismo, la falta de confianza en el protagonismo de la sociedad civil y el abandono de la cultura. Asimismo, en la cultura y en la sociedad empezaron a calar una serie de principios izquierdistas con un fuerte componente de comunismo gramsciano. Sirva la universidad como ejemplo sintomático de lo que ocurrió: como, para el régimen, no tenía sentido la existencia de universidades de iniciativa social o católicas, pues ya el Estado era “conservador y católico”, la universidad española de la última etapa del franquismo (desde mediados de los 60 en adelante) estaba fuertemente marxistizada.
Todo ello nos demuestra que ninguna coraza estatista -por muy “conservador” que sea el discurso oficial, o el envoltorio ideológico- puede suplir a la sociedad civil en el desempeño de su tan necesario quehacer. A largo plazo, tanto las libertades concretas como el desarrollo social próspero y virtuoso sólo pueden alcanzarse si se cuenta con una sociedad civil fuerte y sana.
La política del franquismo afectó a la propia base social conservadora. Los sectores de la derecha, en lugar de defender con gallardía sus principios intelectuales y, al mismo tiempo, reconocer que la forma política concreta estaba marcada por la guerra y la presencia de Franco (un régimen atípico para un país atípico), lo cual presentaba inconvenientes, optaron por lo contrario: abjurar de los principios (o al menos silenciarlos) y defender numantinamente la forma política concreta.
La consecuencia fue la desmovilización intelectual del conservadurismo español, así como el descrédito de esta tradición intelectual ante los neutrales o moderados. En este contexto, la derecha carece de un modelo que proponer cuando comienza la Transición.
Por otro lado, los políticos conservadores, en vez de reivindicar a la derecha como verdadera artífice de la reforma política, fueron presa de un complejo de culpabilidad derivado de haber colaborado con el régimen que ellos habían dinamitado desde dentro para traer la democracia. Es sintomática, en este sentido, la labor de gobierno de la UCD, partido creado al amparo del Movimiento y que realizó una continua descalificación de “la derecha”, contribuyendo, así, al corrimiento ideológico del país hacia una izquierda que aún proponía, como modelo político, el socialismo real, responsable del Gulag y del mayor genocidio de la historia.
El cambio de régimen de 1975 supuso un pacto de convivencia por el que los representantes políticos de la derecha, básicamente la UCD, incluso amplios sectores de la Iglesia, abandonaron gran parte de sus principios, pues las concesiones fueron sustanciales.
La necesidad de cambio era indiscutible, pero habría sido exigible a los primeros Gobiernos de la democracia una mayor talla política. Una vez más, el abandono de la cultura y de los principios fue absoluto, y la configuración del nuevo sistema dejó a la sociedad absolutamente indefensa ante el Estado, en una situación mucho peor que la experimentada en otras democracias occidentales.
El sistema autonómico, tal y como está configurado; el enorme poder de los partidos políticos, así como su influencia en la Justicia; el peso dado, gratuitamente, a unos sindicatos muy estatistas, la ausencia de separación real de poderes o el propio sistema electoral (increíblemente consagrado, al estar reglado en la misma Constitución) son una fuente de inestabilidad y de estatismo desmesurado.
Pese a ello, y salvando aquellos primeros y turbulentos años de la Transición, la mayoría de la sociedad española vivió serenamente confiada en el proceso político que comenzó con el cambio de régimen.
Estos años no han estado exentos de momentos y situaciones muy graves, especialmente los provocados por el terrorismo. Se ha convivido con coyunturas económicas duras, sobre todo en los primeros años, así como con crisis políticas de envergadura, como la descomposición de la UCD o la más lenta debacle del PSOE, causada por su generalizada corrupción interna. De hecho, durante estos años se han producido cambios legislativos y sociales muy graves y de muy profundo calado, que han transformado el sentir y el pensar del pueblo español.
El ciudadano de derechas, o de centroderecha, ha contemplado estos cambios con sorprendente mansedumbre y resignación. Creemos que han sido varios los factores que han hecho esto posible:
- Por un lado, el cambio de régimen partía del presupuesto implícito de que había mucho que ceder para conseguir tanto la cohesión social como una convivencia pacífica y estable. De algún modo, era lo que tocaba.
- Especialmente significativo es, aquí, el hecho de que el ciudadano católico (incluyo aquí sólo a aquellos a los que la fe y la cultura católicas les hacen ver el mundo de una determinada manera, configurando su vida de una forma consciente), en su mayoría englobado en el entorno de derecha o centroderecha, también ha aceptado unos cambios sociales especialmente agresivos para la cosmovisión católica. El pacto tácito de la Transición hizo pensar a muchos que había que transigir, en aras del pluralismo, hasta alcanzar una situación de equilibrio, estable, en la que todos estaríamos cómodos.
- Las referencias para estos ciudadanos, los partidos de centroderecha (UCD y PP), y en muchas ocasiones amplios sectores de la Iglesia, han mandado sistemáticamente este mensaje, dejando en una situación muy comprometida a quien discutiera o planteara cuestiones de calado al proceso. Discutir la forma en que se estaba planteando el modelo parecía significar que se cuestionaba el propio régimen de libertades que otorga un sistema democrático parlamentario.
- La iniciativa cultural y social ha sido siempre de la izquierda. Los sectores más tradicionales y católicos no tenían la conciencia militante que otorgan la reivindicación y la mentalidad de “agredido”. La comodidad no favorece la iniciativa ni el compromiso.
Sin embargo, en estos momentos, y por primera vez en los últimos 30 años, un gran sector de la población vive en España con la conciencia y la percepción de que las cosas no marchan bien, y esto en un sentido profundo de la expresión; con la sensación de que hay algo de fondo que se resquebraja y de que no es posible mantener por más tiempo un optimismo voluntarista.
Los sucesos del 11 de marzo de 2004 y los resultados electorales de ese mismo fin de semana supusieron una conmoción que dejó a la mitad del país con una sensación de agravio, injusticia y desamparo.
En nuestra opinión, en una buena parte de esa mitad del país el problema es sólo accidental, y se reduce al amargor por la derrota del Partido Popular y por cómo se produjo. Sin embargo, para un porcentaje significativo de dicha “mitad” ese momento ha supuesto la cristalización de un proceso más profundo y lento: el agotamiento del dogma que dice: “Pese a los problemas que veo, el país va, en su conjunto, a mejor, aunque yo no lo vea”.
Este cambio de mentalidad, esta nueva actitud, se explica desde diversas causas que confluyen:
- Por un lado, simplemente se ve con más claridad las consecuencias derivadas de unos principios culturales y morales que se han venido implantando en nuestro país en estos años, así como de unas soluciones políticas que tal vez no hayan sido las óptimas. Las delirantes iniciativas legislativas del Gobierno de Zapatero hacen esto más evidente.
- La aceptación por gran parte de la sociedad del denominado “proceso de paz” debiera hacer pensar a los políticos del PP que gobernar no es gestionar el IRPF o el IPC. La no proposición de un modelo social y cultural, la destrucción de la familia y la instauración de un materialismo zafio es algo que hunde la vitalidad moral de la sociedad, conduce a una pérdida del capital social más valioso y -tal vez lo único que les interese- representa un suicidio político.
- Los ocho años de Gobierno del Partido Popular y su abrupto final han evidenciado para muchos:
1) La falta de modelo cultural en el PP, que no cambió el panorama mediático ni el educativo con medidas realmente liberalizadoras, que permitieran la entrada de aire fresco y el establecimiento de un auténtico debate intelectual. Antes bien, se mantuvo la política estatista y de subvenciones; pensaron que tal vez así se ganarían a la “inteligencia” cultural.
2) Que desde un Gobierno “de derechas” se profundizó en el acoso y destrucción de la familia, con medidas sin las cuales no serían posibles los nuevos pasos en la misma senda que ahora da el Gobierno del PSOE.
3) La paradoja de un partido conservador que no es consciente de que contribuye a debilitar las estructuras naturales de la sociedad civil, precisamente aquéllas que, a medio y largo plazo, favorecen su modelo teórico de sociedad y, por ello, sus posibilidades electorales.
- Todo parece indicar que la izquierda y los nacionalismos han dado por terminada la Transición e intentan retomar la ruptura política que no pudieron acometer en 1975. Una vez más, se comprueba que el juego democrático con un marco establecido sirve a la izquierda y a los nacionalismos mientras puedan conseguir avances para sus posiciones. Pero parece que no estaban dispuestos a tolerar otra victoria de un Gobierno no izquierdista. Esto provocó, especialmente en los últimos dos años de Gobierno popular, una actitud muy violenta contra el PP, pasándose de la demagogia habitual a episodios realmente totalitarios y coactivos. La izquierda, así, consiguió movilizar a sus bases, pero también abrió los ojos a mucha otra gente, “empujándola” hacia la derecha, que reclamó el mismo derecho que la izquierda a opinar, manifestarse y no aceptar el discurso oficial imperante.
Este incipiente cambio de mentalidad permite albergar esperanzas sobre la regeneración política y social que España necesita. Pero nada se podrá hacer si no se parte de la premisa, realista, de la tremenda debilidad de la sociedad civil española y del complejo que lastra a los políticos e intelectuales “conservadores” españoles.
La única duda es si podemos esperar algo serio del actual partido de la oposición o si, por el contrario, su ensamblaje en el sistema del “consenso”, el estatismo y el dinero público fácil en que viven todas las formaciones políticas le hace incapaz para cualquier tipo de reacción, especialmente para la que España precisa.
Mientras podamos resolver esta duda, sólo nos queda afianzar nuestros principios, crear redes sociales, instituciones o fundaciones donde poder establecer debates reales sobre ideas, formar en los principios conservadores a nuestros mejores jóvenes, contribuir al debate público mediante revistas, publicaciones… Es urgente defender públicamente, donde podamos, que una concepción conservadora de la sociedad es lo más favorable para todos -especialmente para los más desfavorecidos económicamente-, que no hay libertad sin libertad económica y que no se puede ser una sociedad libre si no se es una sociedad virtuosa.
En definitiva, nos queda por hacer aquello que más teme el consenso socialdemócrata imperante: luchar por que la nuestra sea una sociedad verdaderamente libre.
